El licopeno es un carotenoide con propiedades antioxidantes, y el tomate es la fuente principal en nuestra alimentación.

Más allá de este dato que seguro que ya conocías, la apasionante ciencia de los alimentos ha decidido investigar sus efectos sobre la salud cardiovascular —pilar fundamental de la longevidad— y la aterosclerosis —el auténtico caballo de Troya de nuestro pobre corazón—.

LICOPENO, PLACA ARTERIAL y salud cardiovascular

En este sentido, su interés se centra en la aterosclerosis.

¿arterioesclerosis o ateroesclerosis?

La arterioesclerosis es el término general que describe el endurecimiento y la pérdida de elasticidad de las arterias, los vasos sanguíneos que llevan sangre y nutrientes desde el corazón hacia el resto del cuerpo. Con el paso de los años, sus paredes pueden hacerse más gruesas y rígidas.

La ateroesclerosis es una forma específica de arterioesclerosis. Se produce cuando en la pared arterial se desarrollan placas formadas por lípidos —entre ellos colesterol—, células inflamatorias, tejido fibroso, restos celulares y, en algunos casos, depósitos de calcio.

A veces se usan indistintamente, pero no significan exactamente lo mismo. El desenlace más temido de este proceso es el infarto de miocardio.

Así, esta placa arterial no es simplemente colesterol que se va acumulando en las arterias hasta taponarlas. En su formación intervienen la retención de lipoproteínas en la pared arterial, la inflamación, el sistema inmunitario, determinados factores genéticos y la disfunción del endotelio, incluido el deterioro del glicocálix que protege su superficie.

Y es en varios de estos procesos donde el licopeno podría, tal vez, ejercer un papel protector.

MÁS ALLÁ DE SU EFECTO ANTIOXIDANTE

Para entender por qué el licopeno podría relacionarse —para bien— con la aterosclerosis, la investigación ha intentado identificar los mecanismos implicados.

  • En un estudio publicado en 2022, ratones predispuestos (léase forzados) a desarrollar aterosclerosis que recibieron licopeno presentaron menos lesiones ateroscleróticas en la aorta. Los investigadores observaron además cambios en las vías relacionadas con el metabolismo de las grasas y una mayor utilización de ácidos grasos como fuente de energía.
     
  • Otro estudio amplió la investigación hacia el intestino: el licopeno modificó la microbiota, mejoró varios indicadores de la barrera intestinal y redujo la presencia en sangre de componentes bacterianos capaces de activar la inflamación. Los animales presentaron también menos inflamación vascular y menos lesiones ateroscleróticas.

Estos estudios aportan pistas sobre algunos de los mecanismos que podrían estar implicados, ¿pero hasta qué punto se pueden trasladar a humanos?

QUÉ SE HA VISTO EN HUMANOS

En marzo de 2026 se publicó una revisión sistemática y metaanálisis que reunió los estudios disponibles sobre licopeno circulante y grosor de la pared de las carótidas, las arterias del cuello que llevan sangre al cerebro.

El grosor íntima-media carotídeo mide conjuntamente dos capas de la pared de las carótidas y puede utilizarse como marcador de cambios vasculares subclínicos. Sin embargo, no equivale necesariamente a la presencia de una placa y la detección directa de placas carotídeas es un indicador más específico de aterosclerosis.

Las concentraciones más altas de licopeno en sangre se asociaron con una menor probabilidad de presentar un mayor grosor carotídeo.

Es una asociación y no demuestra que el licopeno sea el responsable de esa diferencia, pero los estudios de intervención también han encontrado algunos resultados interesantes.

Uno de los aspectos más estudiados es el endotelio, la fina capa de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y que participa en su capacidad para dilatarse.

  • En un pequeño ensayo con 19 personas sanas, consumir diariamente 70 gramos de pasta de tomate durante dos semanas mejoró la función del endotelio.
     
  • En otro ensayo, la suplementación con licopeno durante ocho semanas mejoró la respuesta de los vasos sanguíneos en personas con enfermedad cardiovascular que ya recibían tratamiento. El mismo efecto no se observó en los voluntarios sanos.
     
  • En 2025, otro ensayo estudió a 75 adultos sanos que partían de valores de función endotelial en el límite. Durante doce semanas consumieron diariamente zumos de tomate con distintas cantidades de licopeno. Los grupos que recibieron las cantidades más altas presentaron una mayor capacidad de dilatación de las arterias que el grupo control. Curiosamente, en este último ensayo no se encontraron diferencias en los marcadores de estrés oxidativo que se midieron. Los propios autores reconocen que el mecanismo que explicaría la mejora de la función endotelial sigue sin estar claro.
     
  • Un metaanálisis de 2017 encontró mejoras en algunos marcadores cardiovasculares, entre ellos la función endotelial y el colesterol LDL con productos de tomate, mientras que los resultados con licopeno aislado variaban según el marcador estudiado.
     
  • Una revisión sistemática y metaanálisis posterior, publicada en 2020, volvió a encontrar resultados modestos y bastante variables entre estudios.

¿Podemos decir que el licopeno «limpie las arterias» o que comer tomate vaya a revertir una placa aterosclerótica?

No.

Lo que sí tenemos es una asociación repetida entre mayores niveles circulantes de licopeno y un menor grosor de la pared carotídea, junto con algunos ensayos que apuntan hacia posibles efectos sobre la función de los vasos sanguíneos.

¿Y podríamos estar ante un nuevo caso de sesgo de usuario saludable (healthy user bias)

Podríamos. Razón de más para comer bien, ¡demonios!

EL TOMATE, NUESTRA PRINCIPAL FUENTE DE LICOPENO

El tomate es nuestra principal fuente dietética de licopeno. Es el pigmento responsable de buena parte de su color rojo y también está presente en alimentos como la sandía, el pomelo rosa o la guayaba.

Pero no solo importa cuánto licopeno contiene un alimento, sino también cuánto somos capaces de absorber.

En humanos se ha observado que el licopeno de productos de tomate procesado térmicamente, como la pasta o el concentrado de tomate, puede ser más biodisponible que el del tomate fresco. El triturado y el calentamiento alteran la matriz del alimento y facilitan la liberación del licopeno.

La presencia de grasa también favorece su absorción.

En este pequeño estudio, cocinar tomate con aceite de oliva produjo un aumento mayor de las concentraciones de licopeno en sangre que consumir el tomate cocinado sin aceite. Qué suerte que esta sea la combinación que nuestra cocina lleva utilizando desde tiempo inmemorial.

¿Significa esto que solo hay que comer tomate cocinado? En absoluto. El tomate permite un festival de cocciones, texturas y sabores que tenemos que aprovechar. También variedades. 

Conclusión

Todos estos estudios no convierten al tomate ni al licopeno en un tratamiento para la aterosclerosis. Tampoco demuestran que comer más tomate vaya a reducir una placa ya existente. Sí aportan razones para pensar que, dentro de un patrón de alimentación saludable, el consumo habitual de tomate puede contribuir al cuidado de la función vascular y de la salud cardiovascular.

Además, el tomate no es solo licopeno: también aporta otros carotenoides, polifenoles, vitamina C, potasio y distintos compuestos que actúan dentro de una matriz alimentaria compleja.

Por eso, estudiar el licopeno aislado no es exactamente lo mismo que estudiar el tomate completo ni la posible acción conjunta de todos sus componentes.

Una razón más para comer tomate.

Foto de Tristan Gevaux en Unsplash