Es habitual en los gimnasios bromear con que las mujeres solo queremos entrenar pierna y glúteos, mientras que los hombres prefieren ejercitar el tronco superior. Todo es importante, claro, pero quizá nuestra preferencia nos esté ayudando de maneras inesperadas.
Sabemos que el envejecimiento cerebral depende de factores como la genética, la educación, la alimentación o el estilo de vida. Además, en los últimos años, la investigación ha empezado a explorar el papel de otro aspecto quizá menos evidente, la musculatura, y a la luz de los resultados, la función muscular y la salud cerebral podrían estar más relacionadas de lo que se creía.
La musculatura de las piernas y la salud cerebral
La mayor parte de esas investigaciones se habían centrado en la actividad física, que es fantástica para el cerebro, por supuesto. Sin embargo, apenas se sabía si el propio estado del músculo podía aportar información sobre el envejecimiento cerebral.
Para intentar responder a esa pregunta, un grupo de investigadoras publicó en 2015 un estudio en la revista Gerontology. Durante diez años, siguieron a 324 gemelas sanas y analizaron si una medida objetiva de la función muscular —la potencia de las piernas— era capaz de predecir la evolución de su función cognitiva.
Las participantes procedían de TwinsUK, un registro británico que reúne miles de parejas de gemelos y que se utiliza desde hace años para estudiar cómo influyen la genética y el estilo de vida en la salud. Trabajar con gemelas permitía reducir el peso de muchos factores compartidos, como la herencia genética o el entorno en el que habían crecido, facilitando el análisis de la relación entre la potencia de las piernas y el envejecimiento cerebral. Como limitación, el estudio incluyó únicamente a mujeres, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse directamente a los hombres.
¿Por qué las piernas?
Las investigadoras se centraron en la musculatura de las piernas porque desempeña un papel fundamental en la movilidad y en muchas de las actividades cotidianas, como caminar, subir escaleras, levantarse de una silla o mantener el equilibrio.
Además, el tren inferior concentra una parte importante de la masa muscular del cuerpo, por lo que su rendimiento es un buen indicador de la capacidad física global.
En este estudio no evaluaron la fuerza máxima, sino la potencia muscular, es decir, la capacidad de generar fuerza con rapidez. La diferencia es importante. Con el envejecimiento, la potencia suele disminuir antes que la fuerza y se relaciona estrechamente con el rendimiento físico y la capacidad para desenvolverse en las actividades diarias.
Diez años después, las mujeres que al inicio del estudio tenían una mayor potencia en las piernas obtuvieron mejores resultados en las pruebas cognitivas que aquellas con una menor potencia muscular.
Además, entre las participantes que se sometieron a una resonancia magnética, las investigadoras observaron un mayor volumen de sustancia gris y diferencias en algunas regiones cerebrales implicadas en el envejecimiento en las mujeres con mayor potencia en las piernas.
Estos resultados deben interpretarse con prudencia. Se trata de un estudio observacional y, como tal, solo puede identificar asociaciones; no puede demostrar una relación de causa y efecto. Es decir, no permite concluir que mejorar la potencia de las piernas proteja por sí solo al cerebro.
Una posible explicación es que la potencia muscular sea un marcador de un envejecimiento más saludable. Las personas con una mayor potencia en las piernas suelen haber mantenido un estilo de vida más activo y presentar una mejor salud cardiovascular y metabólica, factores que también influyen en el cerebro.
cómo ha evolucionado la investigación
El estudio de 2015 impulsó una línea de investigación que continúa activa. Desde entonces, numerosos trabajos han analizado la relación entre la función muscular y la salud cerebral utilizando indicadores distintos.
Algunos se han centrado en la fuerza de prensión de la mano; otros, en la velocidad al caminar, la capacidad para levantarse de una silla o la presencia de sarcopenia. Aunque cada estudio presenta sus propias limitaciones, el conjunto de la evidencia apunta a una conclusión similar:
una peor función muscular suele asociarse con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia con el paso de los años.
Masa muscular en perimenopausia y postmenopausia
Esa asociación no demuestra que mejorar la función muscular prevenga el deterioro cognitivo. Lo que sí sugiere es que el estado del sistema muscular podría aportar información relevante sobre cómo envejece el organismo y, con él, el cerebro.
Este aspecto puede ser especialmente relevante en las mujeres. Durante la transición a la menopausia se producen cambios hormonales —y vitales— que pueden favorecer la pérdida de masa y función muscular, especialmente en el tren inferior. Al tratarse del grupo muscular más grande del organismo y de uno de los principales depósitos de glucógeno, mantener su función podría tener implicaciones que van más allá de la movilidad o la fuerza, influyendo también en el metabolismo y, potencialmente, en la salud cerebral.
Aunque el estudio no fue diseñado para demostrar este mecanismo, abre una línea de investigación interesante en esta etapa de la vida.
Chicas, ¡a entrenar esas piernacas!