No todos los desodorantes naturales son iguales. Dos fórmulas pueden prescindir de las sales de aluminio y ofrecer resultados muy diferentes. La diferencia no está solo en los ingredientes que evitan, sino también en los que incorporan.
Si alguna vez has probado un desodorante natural y has pensado que «no funciona», es muy posible que el problema fuera su formulación, no que fuera natural. Por eso, al elegir un desodorante, merece la pena fijarse en mucho más que en la ausencia de sales de aluminio.
La calidad de una fórmula tiene que ver con los ingredientes que contiene, cómo actúan entre sí y su capacidad para controlar el olor respetando la fisiología de la piel.
Sudar y oler no son lo mismo
Cuando pensamos en el olor corporal solemos culpar directamente al sudor. En realidad, sudar y oler no son lo mismo.
La sudoración es un mecanismo fisiológico imprescindible para regular la temperatura corporal. Gracias a ella, nuestro organismo puede disipar el exceso de calor cuando hacemos ejercicio, hace calor o aumenta la temperatura corporal. El sudor recién producido, especialmente el procedente de las glándulas ecrinas, está formado casi en su totalidad por agua y sales minerales, por lo que es prácticamente inodoro.
En las axilas, además de glándulas ecrinas, también existen glándulas apocrinas. Su secreción tampoco presenta un olor intenso cuando se libera, pero tiene una composición diferente. Además de agua, contiene lípidos, proteínas y otras moléculas orgánicas que sirven de sustrato para determinadas bacterias presentes de forma natural en la piel.
Estas bacterias forman parte del microbioma cutáneo, una comunidad de microorganismos que convive de forma natural sobre la piel y desempeña funciones importantes para su salud. Contribuyen al mantenimiento de la función barrera, ayudan a proteger frente a microorganismos potencialmente patógenos y participan en el equilibrio del ecosistema cutáneo.
El olor corporal aparece cuando algunas de estas bacterias metabolizan determinados componentes de la secreción apocrina y los transforman en pequeñas moléculas volátiles. Entre ellas destacan los tioalcoholes, considerados hoy algunos de los principales responsables del olor característico de las axilas incluso cuando se encuentran en concentraciones muy bajas.
En otras palabras, el olor corporal no lo produce el sudor por sí mismo, sino la transformación de algunos de sus componentes por las bacterias que forman parte del microbioma de las axilas.
Esta diferencia cambia por completo la forma de entender un desodorante. En lugar de limitarse a bloquear la salida del sudor o a enmascarar el olor con una fragancia intensa, una buena formulación debería actuar sobre los mecanismos que dan origen al olor corporal, respetando al mismo tiempo la fisiología natural de la piel.
Desodorante o antitranspirante
Una vez entendido cómo se genera el olor corporal, es más fácil comprender por qué un desodorante y un antitranspirante no actúan de la misma manera.
Aunque ambos persiguen el mismo objetivo —controlar el olor corporal—, lo hacen mediante estrategias completamente diferentes.
El antitranspirante reduce la cantidad de sudor que alcanza la superficie de la piel. A día de hoy, las sales de aluminio son los únicos ingredientes utilizados en cosmética capaces de proporcionar este efecto. Al entrar en contacto con el sudor, forman un tapón en la parte más superficial de los conductos de las glándulas sudoríparas, disminuyendo la cantidad de sudor disponible. Como consecuencia, también se reduce la humedad y la cantidad de compuestos que las bacterias pueden transformar en moléculas responsables del olor corporal.
El desodorante, en cambio, sigue un planteamiento completamente distinto. No intenta reducir la sudoración, sino actuar sobre el proceso que da lugar al olor corporal. En lugar de modificar una función fisiológica, busca dificultar que las bacterias del microbioma transformen determinados componentes del sudor en las moléculas volátiles responsables del olor.
Mientras un antitranspirante lo consigue reduciendo la sudoración, un desodorante natural actúa respetando la transpiración, dificultando la formación de esas moléculas.
Esta diferencia cambia también la forma de valorar un desodorante. Su eficacia no reside en mantener las axilas secas, sino en controlar el olor corporal respetando la sudoración.
Cómo elegir un buen desodorante sin aluminio
No basta con prescindir de las sales de aluminio. Para controlar el olor de forma eficaz necesitas combinar distintos mecanismos de acción.
En mi opinión, estas son las cuatro características que debería reunir una buena formulación.
1. Actuar sobre el origen del olor
Un buen desodorante no debería limitarse a enmascarar el olor con una fragancia. Su objetivo debería ser dificultar la formación de las moléculas responsables del mal olor, respetando al mismo tiempo la transpiración natural de la piel.
2. Respetar la biología de las axilas
Las axilas son una zona especialmente delicada, sometida a humedad, roce y, en muchas personas, al afeitado o la depilación frecuentes. Por eso, además de ser eficaz, un buen desodorante debería contribuir a mantener la barrera cutánea y proporcionar confort tras un uso diario.
3. Mantener el equilibrio del microbioma
El microbioma cutáneo forma parte de la fisiología normal de la piel. En lugar de eliminar indiscriminadamente las bacterias, una buena formulación debería actuar de forma selectiva sobre los procesos que originan el mal olor, respetando el equilibrio natural de este ecosistema.
4. Priorizar la tolerancia y el confort
Un desodorante es un cosmético de uso diario y está pensado para acompañarnos durante años. Por eso, además de controlar el mal olor, merece la pena elegir fórmulas bien toleradas, que ayuden a mantener una sensación de frescor sin interferir con un proceso fisiológico como la sudoración.
ingredientes que prefiero evitar
Cuando existen alternativas capaces de ofrecer la misma eficacia y un buen perfil de tolerancia, hay ingredientes que, simplemente dejan de ser necesarios.
SALES DE ALUMINIO
Las sales de aluminio siguen siendo objeto de investigación científica. Aunque su absorción cutánea es baja, diferentes estudios han demostrado que una pequeña fracción puede atravesar la barrera cutánea y alcanzar el organismo. Además, en modelos experimentales se han descrito distintos efectos biológicos, como estrés oxidativo, alteraciones en la expresión génica o actividad estrogénica.
La relevancia de estos hallazgos para la salud humana continúa siendo objeto de debate y la evidencia disponible no permite extraer conclusiones definitivas. Aun así, cuando es posible controlar eficazmente el olor corporal sin recurrir a ellas, considero razonable aplicar el principio de precaución y optar por alternativas que prescindan de este tipo de compuestos.
ALCOHOL
El alcohol etílico se utiliza con frecuencia por la sensación inmediata de frescor que proporciona y por su actividad antimicrobiana. Pero también puede favorecer la deshidratación de la capa más superficial de la piel y aumentar el riesgo de irritación, especialmente después del afeitado o la depilación.
En un producto pensado para utilizarse prácticamente todos los días del año, prefiero fórmulas que mantengan el confort y respeten la barrera cutánea sin necesidad de recurrir al alcohol.
PARABENOS
Los parabenos han sido durante décadas uno de los sistemas conservantes más utilizados en cosmética. Con el paso de los años, el conocimiento científico ha permitido comprobar que no todos presentan el mismo perfil de seguridad.
Algunos parabenos, especialmente los de cadena más larga, han mostrado actividad estrogénica en estudios experimentales, motivo por el que la legislación europea restringió o prohibió su uso en determinadas aplicaciones cosméticas.
Actualmente existen sistemas conservantes con un excelente perfil de eficacia, estabilidad y tolerancia, por lo que no encuentro motivos para seguir recurriendo a estos compuestos cuando existen alternativas igualmente eficaces.
FRAGANCIAS SINTÉTICAS
La fragancia puede hacer que un desodorante resulte más agradable de utilizar, pero no debería ser la responsable de su eficacia. Si el olor reaparece en cuanto desaparece el perfume, probablemente la formulación está enmascarando el problema en lugar de actuar sobre su origen.
Además, bajo la denominación Parfum pueden agruparse decenas de sustancias aromáticas cuya composición no se comunica al consumidor. Algunas sustancias utilizadas en perfumería han sido objeto de investigación por su posible actividad endocrina o por otros efectos toxicológicos, y la propia legislación europea ha ido evolucionando conforme ha avanzado la evidencia científica y se ha ampliado el conocimiento sobre este grupo de compuestos.
Precisamente por esa falta de transparencia, cuando una formulación incorpora fragancia prefiero que proceda exclusivamente de aceites esenciales correctamente identificados. De este modo, el origen de las moléculas aromáticas es conocido.
BICARBONATO SÓDICO
El bicarbonato es uno de los ingredientes más habituales en los desodorantes naturales y también una de las causas más frecuentes de abandono. Muchas personas empiezan a utilizarlo con buenos resultados, pero tras varias semanas o meses aparecen irritación, picor o una sensación de quemazón en las axilas.
La explicación está en su elevada alcalinidad. La superficie de la piel mantiene de forma natural un pH ligeramente ácido que contribuye a preservar la función barrera y el equilibrio del microbioma cutáneo. El bicarbonato modifica ese entorno y, en algunas personas, puede favorecer la irritación, especialmente cuando se aplica a diario o después del afeitado.
el desodorante natural de mandarina de como como foods
Como muchas personas, también he probado desodorantes naturales que no terminaban de convencerme. Algunos no controlaban bien el olor, otros irritaban la piel y otros basaban gran parte de su acción en ingredientes que prefiero evitar. Esas experiencias nos llevaron a preguntarnos si era posible formular un desodorante diferente.
Con esa idea se desarrolló el Desodorante Natural de Mandarina de Como Como Foods. La formulación se diseñó siguiendo los mismos principios que hemos ido viendo a lo largo de este artículo.
- El Triethyl Citrate es el principal activo desodorante de la fórmula. Es un ingrediente de origen vegetal derivado del ácido cítrico que actúa sobre el origen del mal olor, dificultando la formación de las moléculas responsables de ese olor sin interferir en la transpiración natural.
- Su acción se complementa con aloe vera, que ayuda a mantener la hidratación y el confort de la piel, y con extractos botánicos de salvia, romero, té verde y ginseng, seleccionados por sus propiedades antioxidantes, purificantes y equilibrantes.
- La tierra de diatomeas ayuda a absorber parte de la humedad superficial y aporta una textura suave y sedosa, mientras que el Menthyl Lactate proporciona una sensación de frescor suave y prolongada, sin la intensidad irritante del mentol.
- La fórmula incorpora además una fragancia natural de mandarina procedente de aceite esencial ecológico.
- En conjunto, se trata de un desodorante certificado por BioVidaSana, con un 73,70% de ingredientes de agricultura ecológica, formulado sin sales de aluminio, alcohol, bicarbonato, parabenos ni fragancias sintéticas.
Desarrollar un desodorante requiere de mucho tiempo, pruebas y personas. Yo he tenido la suerte de ir probando las distintas versiones y aromas que hemos ido testeando desde el pasado verano, cada una un poquito mejor, hasta dar con la definitiva.
Aquí la tienes, espero de corazón que te guste.