Si te gusta el paté de hígado ha llegado el momento de prepararlo en casa. Es mucho más fácil de lo que crees y está buenísimo. Además puedes personalizarlo a tu gusto e incluso congelarlo.

Hígado: una bomba de nutrientes

El hígado es probablemente el alimento más denso nutricionalmente hablando, y es que se sale de la tabla cuando lo comparas con cualquier otro.

Vitamina A, vitaminas del grupo B incluyendo B12 y folato, vitamina K2, hierro, cobre, colina, todos los aminoácidos esenciales ... 

Se trata además de vitaminas en una forma altamente bioasimilable. Es al fin y al cabo un alimento que el cuerpo reconoce, puesto que evolutivamente hablando se consumía siempre.

Tiene de hecho tantas vitaminas que no conviene comerlo a diario. Una lástima para mí, buenas noticias para los que comen hígado por obligación. Basta con una ración a la semana o cada 15 días para obtener todos sus beneficios.

Mejor ecológico

El hígado es un órgano con infinidad de funciones, pero quizá la más conocida sea el filtrado de toxinas, también en los animales aunque ellos no beban whisky; y aunque es cierto que las filtra y no las acumula más que cualquier otro corte de carne, siempre será una buena idea consumirlo ecológico y/o de pasto.

Mejor congelado

A no ser que lo vayas a congelar después, que en ese caso da igual.

Tengo por costumbre congelar siempre toda la carne y el pescado que compro. Es decir, compro carne y pescado fresco, lo congelo y entonces lo voy sacando a medida que hace falta. El hígado no es una excepción, siempre tengo varios paquetes en el congelador que saco para hacer este paté, para cocinar a la plancha o para preparar este pastel de hígado y carne con verduras.

Una carne bien cocinada no presenta riesgo de contaminación, pero el hígado demasiado cocinado toma un sabor amargo. De hecho para preparar este paté es mejor que no esté muy hecho, por eso prefiero haberlo congelado antes y listo.

Paté de hígado

 Raciones: Unos 450 g

 Preparación: 30 '

 Cocción: 45 '

 Total: 1 h 15 '

Ingredientes

  • 400 g de hígado de pollo, cerdo, ternera o cordero
  • 2 cebollas medianas, unos 220 g
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 diente de ajo
  • Pimienta al gusto, hierbas aromáticas, etc.
  • 2 cucharadas de mantequilla, ghee o aceite de oliva para sofreír la cebolla
  • 1 o 2 cucharadas de mantequilla para sellar la superficie (opcional)

Instrucciones

  1. Pica las 2 cebollas bien finas.
  2. Calienta 2 cucharadas de ghee, mantequilla o aceite de oliva en una sartén a fuego medio y añade la cebolla picada. Pon una tapa sobre la sartén y remueve de vez en cuando.
  3. Cuando la cebolla esté dorada (unos 15 minutos), retírala de la sartén y ponla en un plato para que vaya perdiendo temperatura.
  4. Corta el hígado en dados (excepto si es de pollo, que puedes añadirlo en mitades) y ponlo en la misma sartén a fuego medio.
  5. Remueve un par de veces para que se haga por todos los lados pero no demasiado, el interior debe quedar un poco 'cremoso'. Esto tardará unos 4 minutos.
  6. Apaga el fuego y espera a que el hígado pierda algo de temperatura.
  7. Añade entonces el hígado, la cebolla, la sal, el ajo y las especias en el vaso de la batidora o del procesador de alimentos y tritura hasta lograr la consistencia que te guste. Quizá tengas que apagarlo un par de veces, bajar con una cuchara los restos que se adhieran a las paredes y seguir triturando.
  8. Coloca el paté en un tarro y consérvalo en la nevera.
  9. Opcional: derrite 1 o 2 cucharadas de ghee o mantequilla y viértelo sobre el paté para sellar la parte superior. Mételo otra vez en la nevera para que solidifique.
  10. Sácalo de la nevera unos 15 minutos antes de consumirlo. Queda genial con unas tostadas.
  11. Consérvalo en la nevera durante unos 5 o 6 días. También puedes hacer más cantidad, repartirla en distintos tarros y congelarlos.

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