Cocinar con gas es algo habitual, y para muchas personas - entre las que me incluyo - sigue siendo la opción preferida. Permite controlar visualmente el calor, es eficiente y, sencillamente, es a lo que estamos más acostumbradas.
Ahora bien, si hablamos de salud y de reducir tóxicos en el hogar, los utensilios en los que cocinamos importan, pero también la calidad del aire que circula en la cocina (y en toda la casa), y ahí, el gas sí juega un papel que no podemos pasar por alto.
Calidad del aire interior
Partamos de la base de que ventilar la casa todos los días es imprescindible. Si no lo estás haciendo, incorpora ya este hábito.
Ventila todos los dormitorios y la sala de estar. También la cocina cuando cocines y el baño después de ducharte.
gas y combustión
Al encender un fogón de gas natural, butano o propano, se produce una combustión que genera calor, y también algunos subproductos.
Dióxido de nitrógeno (NO₂): uno de los contaminantes más preocupantes. Puede irritar las vías respiratorias, agravar el asma y aumentar la sensibilidad a alérgenos. En cocinas pequeñas o mal ventiladas, sus niveles pueden superar las recomendaciones de calidad del aire interior.
Monóxido de carbono (CO): es un gas inodoro que aparece cuando la combustión es incompleta. Puede reducir la oxigenación del cuerpo y, en concentraciones elevadas, ser tóxico.
Partículas ultrafinas y COVs (Compuestos Orgánicos Volátiles): se generan tanto por la llama como por la cocción de alimentos. Algunas de estas partículas pueden alcanzar los alveolos pulmonares, y los COVs ,como el formaldehído o el benceno, se han relacionado con efectos sobre el sistema respiratorio y endocrino.
Vapor de agua y dióxido de carbono (CO₂): aunque menos preocupantes en sí mismos, aumentan la humedad del ambiente, lo que puede favorecer la aparición de moho si no hay una ventilación adecuada.
Se ha observado que los hogares con cocinas de gas pueden tener alrededor de 15-25 ppb (partes por billón) más de NO₂ en casa, mucho más mientras se está cocinando (y hasta 45 minutos después).
Entonces, ¿es peligroso cocinar con gas?
El riesgo no está en el gas en sí, sino en cómo se usa: sin ventilación o sin un mantenimiento adecuado, puede alterar la calidad del aire interior y la salud a largo plazo.
Este estudio del año 2023, que tuvo bastante repercusión mediática -me pregunto si entraron en juego aquí cuestiones geopolíticas- asoció el uso de cocinas de gas con un mayor riesgo de asma infantil en entornos poco ventilados.
En concreto, se hablaba de un 12.7 % de los casos atribuibles a los fogones de casa. Seguro que la contaminación de las ciudades, el tabaquismo pasivo o las románticas chimeneas de leña generan infinidad de casos más, pero la cuestión es que le tocó al gas.
El estudio fue muy cuestionado y la comunidad científica no tardó en responder, apuntando a errores importantes en la interpretación de los datos (estudio, estudio, estudio, estudio).
Dicho esto, el gas no es inocuo y debe usarse con responsabilidad para reducir en lo posible la presencia de esos subproductos de la combustión que veíamos antes. La cuestión es: no entremos en pánico ni pensemos ahora que todos tenemos que cambiar la cocina.
Medidas para usar una cocina de gas con seguridad
1. Ventila siempre que cocines
Abre la puerta y la ventana (si la tienes) y asegúrate de que haya corriente de aire: el aire del interior de la cocina tiene que renovarse.
2. Usa una campana extractora eficiente
Hace ruido, lo sé, pero es imprescindible. Lo ideal es que la campana expulse el aire al exterior. Las campanas de recirculación son menos eficaces para eliminar los gases. Si es posible, actívala en cuanto enciendas el fuego y déjala encendida unos minutos de más cuando lo apagues.
3. Cocina con tapa (si la receta la permite) para reducir el tiempo de cocción y con ello las emisiones.
4. Mantén los quemadores limpios
Una combustión incompleta genera más contaminantes. Si la llama es amarilla o irregular, es señal de que algo no va bien. Limpia los fogones a menudo y revisa que funcionen correctamente.
5. Controla el tiempo de exposición
Cuanto más rato esté encendida la llama, más se concentra lo que libera. Si cocinas durante horas, presta especial atención a la ventilación o haz pausas para renovar el aire. Para recetas de muchas horas al fuego, quizá quieras plantearte métodos de cocción alternativos, como una olla multifunción.
6. Evita abrir el gas antes de tiempo
A veces dejamos salir gas antes de acercar el encendedor, o el chispero que está integrado en el fogón no funciona bien y sale gas durante un rato antes de prender. Eso libera gas innecesariamente. Si el chispero está averiado, arréglalo o que lo arreglen (eso ya dependerá de lo manitas que seas). Si usas un encendedor o similar, tenlo preparado justo en el momento de abrir el gas.
7. Valora instalar un detector de CO
Es un dispositivo sencillo que puede avisar si los niveles de monóxido aumentan. Podría ser interesante si la cocina no tiene una buena ventilación.
8. Manténte al día de las revisiones
Las instalaciones de gas deben revisarse cada cierto tiempo. No lo dejes pasar: una mala combustión o una fuga pueden pasar desapercibidas, pero afectar al aire que respiras cada día.
Dispositivos para medir y mejorar la calidad del aire
Actualmente existen algunos aparatos que podrían ayudarnos a detectar problemas en la calidad del aire, así como mejorarla.
- Detectores de CO o NO₂: se colocan cerca de la zona de cocción y alertan si hay concentraciones peligrosas.
- Sensores de calidad del aire interior: miden CO₂, COVs y partículas finas. Te ayudan a decidir cuándo ventilar.
- Purificadores con filtro HEPA + carbón activo: reducen partículas y algunos gases. Útiles en cocinas sin buena ventilación, aunque no sustituyen al aire fresco.
- Medidores de humedad: para evitar condensaciones excesivas y prevenir la formación de moho.
En ocasiones, los detectores de gases incorporan también un medidor de humedad.
Alternativas al gas
Aquí tienes algunas alternativas razonables al gas.
Inducción
No emite gases ni partículas. Es eficiente, rápida y fácil de limpiar. Funciona mediante campos electromagnéticos de baja frecuencia, que calientan directamente el recipiente. Los campos electromagnéticos podrían tener sus propios problemas, claro. Según la ICNIRP (2020), conviene minimizar exposiciones prolongadas ,sobre todo en personas sensibles o embarazadas, manteniendo cierta distancia al cocinar.
Yo personalmente tengo una placa mixta (inducción y gas). Suelo usar más el gas, pero la placa es muy práctica para calentar agua, caldos y cremas, o para cocciones largas que no requieran que yo esté demasiado pendiente.
Vitrocerámica
Tampoco emite gases, pero es menos eficiente que la inducción. Tarda más en calentar y retiene el calor incluso apagada, algo importante por el riesgo de quemaduras y por la dificultad para limpiar los restos que caen sobre ella. Consume más energía y no siempre permite un control tan preciso de la temperatura. Si la tienes y te va bien, úsala, claro.
Instant Pot y otras ollas multifunción
Son una opción muy práctica y eficiente. Cocinan con calor húmedo, sin combustión (porque se enchufan a la corriente), y reducen significativamente el tiempo de cocción. Al generar vapor a presión en un sistema cerrado, minimizan emisiones al ambiente. Además, al requerir menos temperatura y energía, ayudan a mantener un aire interior más limpio.
Yo personalmente la uso muchísimo (le dediqué mi primer libro de recetas a esta olla, no te digo más). Tienes más información en este artículo, y un apartado entero en mi web.
Air fryer y horno de convección
Ambos funcionan por circulación de aire caliente. No generan gases y permiten cocinar con menos grasa y menos residuos. Eso sí, es importante ventilar bien si se cocinan alimentos que suelten muchos aceites o jugos, ya que pueden liberar compuestos volátiles a través del alimento, aunque el aparato en sí no los produzca.
La clave es elegirlas bien, con el interior de acero inoxidable o vidrio, y no tostar demasiado los alimentos. Puedes ampliar esta información aquí.
Horno eléctrico convencional
No emite gases directamente, pero si se usa durante un tiempo prolongado, también calienta el ambiente y puede contribuir a una atmósfera más cargada, especialmente si no hay una buena ventilación. Lo de siempre, ventilar es básico.
Existen otras opciones (cocinas solares, cocinas de biogás, etc.), pero tienen otras limitaciones y no me parecen demasiado aplicables al ámbito doméstico de la mayoría de las casas.
Conclusión
Es cierto que las cocinas de gas, usadas sin cuidado, empeoran la calidad del aire interior, pero es posible reducir ese riesgo aplicando algunas medidas.
Así que, si tienes una cocina de gas...
- Úsala sin estresarte pero con cabeza.
- Enciende el extractor (y si no tienes extractor, instala uno de calidad).
- Ventila la cocina (y la casa).
- Plantéate un método alternativo para cocciones muy largas (lo mejor, en mi opinión, es una olla multifunción).
- Plantéate comprar un filtro de aire. Los hay de varios tamaños y puedes cambiarlos de habitación si lo necesitas. Puedes ver los que yo tengo aquí.
Foto de Myko Makhlai en Unsplash