El mes pasado me leí el libro Ayuno profundo, de Ernesto Prieto Gratacós, y decidí unirme al taller de implementación que organizó para las personas que compraron el libro antes de una determinada fecha.

El objetivo de este ayuno es terapéutico, se trata de activar una serie de procesos de autofagia a los que solamente se llega mediante un ayuno prolongado.

Como dice el autor, es un mal necesario, y 72 horas es la dosis mínima efectiva.

Cuidado, porque más no es mejor, y a partir de las 72 horas hay que implementar ciertas tareas (enemas) que hay que saber hacer bien. Todo esto está explicado con detalle en el libro, así como las contraindicaciones, algunas muy obvias: embarazo, lactancia, niños y personas con algunas enfermedades concretas.

Para todos los demás, ayunar es algo que llevamos grabado en nuestro ADN, es algo que el cuerpo necesita, y tu salud y longevidad lo agradecerán. Porque ayunar alarga la vida y 'te limpia' profundamente. Durante el ayuno se produce un reciclaje intenso de todo aquello que ya no sirve, seguido de una profunda regeneración durante la fase de realimentación.

Pienso que el beneficio supera con creces el sacrificio, y por eso me animé a probarlo.

Ayuno de 72 horas: agua y nada más

Ayunar es ayunar: agua y nada más. Ni caldo, ni café, ni kombucha, ni nada.

A lo sumo puedes tomar té verde en hebras, pero yo no lo hice porque tenía la sensación de que me daba más sed, y puesto que la cantidad de agua está limitada (y si tomas té, el agua con la que lo preparas debe salir de tu dosis diaria), yo preferí omitirlo.

El tema del café sea quizá el más polémico (a mi plin porque no lo tomo nunca), pero aquí tienes un vídeo del autor explicando por qué debe evitarse durante un ayuno.

¿Qué necesitas para ayunar?

  1. Haberte leído el libro Ayuno profundo. Es apasionante. Lee, lee, lee, nunca dejes de aprender.
  2. Tener un medidor de glucosa y cetonas. Es cierto que supone una pequeña inversión, pero la compensarás en un solo ayuno con lo que te ahorres en comida, y es importante medir esos valores para saber qué está pasando en tu cuerpo.
  3. Una botella para medir la cantidad de agua que puedes/debes beber cada día. Esta cantidad depende de tu peso.

Mi experiencia

Mi última comida fue el desayuno de un domingo a las 8:00 a.m. y ya no volví a comer nada más hasta el miércoles a las 12:00 m. El ayuno no empieza a contar en el momento en el que haces la última ingesta, sino unas 4-6 horas después, de ahí ese pequeño desfase.

Así me sentí:

  • De 0 a 24 horas de ayuno: como si nada, un día normal. Buena energía. Sueño normal.
  • De 24 a 48 horas: a partir de las 24 horas empecé a tener un dolor de cabeza leve pero constante. Unas horas después me sentía bastante mareada y somnolienta. Se me pasó al dormir, así que en realidad me sentí mal de las 24 a las 40 horas aproximadamente. Es cierto que me costó conciliar el sueño, el ayuno eleva el cortisol, es tu cuerpo diciendo 'no te duermas, ¡¿no ves que nos estamos muriendo de hambre?!'. Pero conseguí dormir varias horas y amanecí bien.
  • De 48 a 72 horas: un día bastante normal. Sin dolor de cabeza y sin mareos. Pensar que faltaba solo un día para terminar me ayudó muchísimo anímicamente. A partir de aquí ya es todo bajada. No me costó tanto conciliar el sueño, pero sí más de lo habitual.

Lo más curioso de todo esto es que no pasé HAMBRE. Y lo escribo así, en mayúsculas, porque me refiero a esa hambre canina que te haría comerte un jabalí. Obviamente habría comido, y pensaba en comida (más teniendo en cuenta a lo que me dedico), pero fue muy tolerable.

El hambre no es lineal, viene y va.

Esto es lo que sentí yo esta vez. A medida que el cuerpo gana flexibilidad metabólica las sensaciones deberían ser más llevaderas, pero está claro que cada persona es un mundo.

Refeeding - realimentación

La salida del ayuno es tan importante como el ayuno en sí, incluso más. No puedes empezar a comer de golpe porque te puede dar algo.

El libro explica el proceso de refeeding o realimentación, así como los alimentos que debes priorizar en los días sucesivos.

Es importante además salir del ayuno por la mañana, así que haz tus cálculos para que te coincida. Puedes hacerlo con los horarios que hice yo (el desayuno fue mi última comida), aunque otra opción es cenar, si sueles hacerlo, y empezar el ayuno al día siguiente. En ese caso podrás empezar con el refeeding cuando te despiertes por la mañana, tres días después, y no esperar hasta las 12:00 m.

Por cierto, escribo estas líneas cuando son exactamente las 11:55 a.m. En 5 minutos me tomaré mi primer vaso de caldo. Qué emoción. :)

No lo intenten en sus casas

Es un decir, claro. Yo te animo a que leas el libro, te eduques sobre este tema y decidas por tu cuenta.

Hazte un análisis de sangre, consúltalo con un profesional de la salud informado y prepara tu nevera/congelador para llenarlo de alimentos nutricionalmente densos, es decir, vísceras, huevos, etc.

Tampoco empieces de golpe si tu alimentación no es ideal (y lo sabesss), sueles comer 5 veces al día, estás desnutrido/a, etc. Arregla lo que tengas que arreglar, acostúmbrate a hacer ayunos de 16-24-36 horas y entonces sí, da un paso más implementando un ayuno profundo de 72 horas.

Conclusión

Es duro, no te voy a engañar, pero se puede hacer.

Creo en sus beneficios y pienso que es una intervención al alcance de todos para mejorar nuestra salud de hoy y de mañana.

Además no comer es barato, libera mucho tiempo y no tienes que poner el lavavajillas.

¡Feliz inanición!

Lecturas extra

Photo by Greg Rosenke on Unsplash

PD. El agua que bebas no tiene que estar fría, es que la foto me ha parecido bonita. Si ayunas en invierno la puedes incluso calentar un poco, eso te ayudará a calentar el cuerpo y contrarrestar la bajada de temperatura corporal que produce el ayuno.